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Siete principios para cultivar la felicidad

Siete principios para cultivar la felicidadCon ayuda de Dios podemos cultivar cada día la felicidad

Todos tenemos héroes. Usted sin duda los tiene, o los tuvo. Son aquellos personajes de la ficción o de la realidad que nos despertaron interés por su vida y realizaciones.

Generalmente los idealizamos y llegamos a creer que todo alrededor de sus vidas es perfecto.

Personalmente tuve uno desde mi niñez: Jacob. El padre de una nación y de generaciones enteras.

No sé a ciencia cierta a quién le escuché hablar de él en mi lejana infancia, pero me impactó su vida y de qué manera cumplió una misión para Dios.

No obstante, con el paso del tiempo y cuando tuve una mayor aproximación a la Biblia, encontré que el héroe de mi niñez no fue feliz, como habría podido suponer.

Lo comprobé en ese célebre pasaje en el que José llevó ante Faraón a su padre, para presentarlo, una vez arribaron a Egipto tanto el venerable anciano como su familia.

Las Escrituras relatan que: “José trajo a su padre Jacob y lo presentó a Faraón; y Jacob bendijo a Faraón. Y Faraón dijo a Jacob: ¿Cuántos años tienes? Entonces Jacob respondió a Faraón: Los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los años de mi vida, y no han alcanzado a los años que mis padres vivieron en los días de su peregrinación. Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de su presencia.” (Génesis 47:7-10. La Biblia de Las Américas)

Para mí fue un gran descubrimiento pero al mismo tiempo una desilusión corroborar que los héroes también enfrentan los momentos difíciles y llegan a experimentar infelicidad.

¿Qué lo hace feliz?

El asunto de la felicidad ha sido tomado tan seriamente en el mundo, que la Asamblea General de las Naciones Unidas realizada el 12 de julio del 2012 proclamó un día especial de cada año para celebrarla. Se escogió el 20 de marzo.

El primer aspecto que debemos abordar para determinar cuál es nuestra perspectiva, comienza con una pregunta: ¿Qué me hace feliz? Descubrirá que toda persona tiene una respuesta distinta.

Personalmente me hace feliz escribir y leer. A mi yerno, irse de pesca, y a mi esposa, recorrer un centro comercial viendo vitrinas y comprando aquello que llama su atención.

Inténtelo usted. ¿Lo hizo? Comprobará que la felicidad tiene un significado especial para cada persona, de manera particular.

Un asunto de perspectiva personal

En el caso del patriarca Jacob, aun cuando fue el gestor de una gran nación, su trasegar en la tierra fue motivo de infelicidad. Al hacer la sumatoria de sus días concluyó: “pocos y malos han sido los años de mi vida”.

Si tuviéramos frente a nosotros a la madre Teresa de Calcuta, que vivió en medio de privaciones, y le preguntamos si fue feliz, probablemente nos diría que sí.

¿Y qué decir de Martin Luther King? El reverendo King fue apresado varias veces por defender a la población afrodescendiente, pero en muchas de sus intervenciones se refirió a la felicidad como una de las bendiciones de las cuales le había provisto Dios.

Las privaciones, entonces, no constituyen ausencia de felicidad, como tampoco el alcanzar determinada posición social, económica o de reconocimiento.

Siete principios para ser felices

Nuestra felicidad o estado de alegría, sentido de propósito para vivir y gozo por cada nueva conquista en la vida o la superación de cierta derrota, no puede depender de otras personas.

La fuente de la felicidad es Dios morando en nuestro corazón. Si Él gobierna nuestros pensamientos y acciones, encontraremos paz interior y de paso, transmitiremos ese estado de realización y de plenitud a otras personas.

Compartimos con usted principios que serán útiles para avanzar hacia el crecimiento y la felicidad permanentes:

1.- La felicidad es una obligación todos los días. Debemos recordar lo que enseñaba el apóstol Pablo: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4) Piense por un instante que la mayoría del tiempo dimensionamos trivialidades que nos roban la paz.

2.- Reconozca que la vida es un regalo de Dios. En esa dirección, debemos disfrutar cada día: “Éste es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él.” (Salmos 118:24) Él nos creó para vivir todo segundo, minuto y hora que nos regala diariamente.

3.- Conózcase bien porque eso lo acerca más a su propia felicidad. Tenga presente que la mayoría de las veces hasta nosotros mismos desconocemos por qué actuamos de determinada manera. Al respecto leemos en las Escrituras: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9) Sólo con ayuda del Señor podemos llegar a conocernos.

4.- Hay que perdonar y pedir perdón. El perdón trae paz a nuestro mundo interior, como enseñó el Señor Jesús: “Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial” (Mateo 6:14. NVI) Desarrolle en su vida la capacidad de perdonar con ayuda de Dios.

5.- No permita que las circunstancias lo derroten. Recuerde que Cristo nos hizo vencedores y nos concede la capacidad de alcanzar aquello que es para Su honra (Filipenses 4.13)

6.- Cambie su forma de pensar, para que cambie su forma de actuar.- El apóstol Pablo escribió: “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12.2. NTV) Una forma de pensar negativa nos lleva a una vida sin propósito y plagada de amargura.

7.- Diviértase en aquello que a usted más le gusta. Recuerde que leer, caminar, practicar un deporte, ir a cine o tal vez ir de compras, no son destructivos en la medida en que usted encuentra gozo al hacerlo. Lo importante es que le encuentro sentido y gusto a lo que hace.

Prepárese para ser feliz

Siempre encontraremos a nuestro paso dificultades. Son inherentes al ser humano. Pero con ayuda de Dios, podemos superar los obstáculos. La adversidad no nos debe ni puede robarnos la capacidad de ser felices, con la que el Señor nos creó.

La vida es corta si la miramos teniendo una perspectiva clara sobre lo que es la eternidad. Sobre esa base, cada instante hay que vivirlo plenamente en Dios.

Para hacerlo, el paso ineludible es recibirlo en el corazón como Señor y Salvador. Si Él mora en nuestra, podemos asegurarle que encontraremos propósito y sentido en la existencia, y avanzaremos en la meta de hallar gozo en lo que hacemos.

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