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¡Sea libre de toda atadura en su mente! (Parte 1)

¡Sea libre de toda atadura en su mente! (Parte 1)En Dios encontramos libertad para nuestra mente

Ninguna conversación terminaba en buenos términos. Por el contrario, para Clara todo espacio de interlocución con alguien, se convertía en el terreno propio para armar un disgusto. Luego se justificaba: “Me dijo algo que me ofendió”, o simplemente: “Está buscando mi mal”.

Miraba a los demás con predisposición y cualquier término compartido en una conversación, lo interpretaba como una provocación.

Una bruja a la que consultaba con frecuencia, le había advertido sobre varios compañeros de oficina. “Están trayéndole malas energías”, le dijo. Y Clara de inmediato, creyéndole a un engaño de Satanás, se predispuso con todos los que le rodeaban.

Aunque no quería admitirlo, la maldad tenía establecida en su mente una fortaleza casi inexpugnable, que la llevaba a pensar y obrar con malicia.

Un joven promisorio, por su vivacidad y deseos de superación, con un trabajo que le generaba buenos ingresos, me confesó que se prostituía al salir del trabajo. “No puedo evitarlo— se quejó —. Es algo más poderoso que yo. Necesito del sexo para sobrevivir”.

Producto de leer y ver pornografía e incluso, visitar sitios de perversión, había llegado a creer que era homosexual. El adversario espiritual había sembrado en su mente una fortaleza que le llevaba a pensar que era imposible escapar. Sin embargo llegó a comprender que con ayuda y el poder de Jesucristo, podemos ser libres.

Igual con su vida. Si viene enfrentando embotamiento mental y pensamientos conducentes al fracaso o la lascivia, hoy es el día para ser libre. Con el poder y ayuda de nuestro amado Señor Jesús, éste puede ser el día para disfrutar de una vida plena y comenzar la transformación en su forma de pensar y de actuar.

El propósito de Dios: nuestro crecimiento

El propósito de Dios desde que nos concibió, se orientaba a que disfrutáramos plenamente la vida. A raíz de la pecaminosidad del género humano, es necesario un paso: recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Se produce entonces el perdón de pecados y se nos abren las puertas a una nueva vida. Pero a este proceso hay que sumar otro de suma importancia: que experimentemos crecimiento en dos ámbitos, el espiritual y el personal.

Nuestro crecimiento está dentro de lo que espera el amado Padre celestial de nosotros tal como lo describe una carta del apóstol Juan a líder del cristianismo en el primer siglo: “Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente.” (3 Juan 1:2, Nueva Versión Internacional)

Sin embargo, el plan originar de nuestro Supremo Hacedor se ve impedido por las diferentes estrategias de Satanás, quien sutilmente ejerce una influencia en nuestro alrededor, hasta establecer fortalezas en la mente, desencadenando depresión, desánimo, baja autoestima, fracaso, sensación de derrota e inutilidad y en general, estancamiento espiritual.

Transformación de la mente

Un cristiano debe renovarse. En otras palabras, permitir que Dios opere una transformación en su forma de pensar y de actuar. Cuando asume esta disposición, experimentará verdaderamente crecimiento en dos dimensiones fundamentales: la personal y la espiritual.

Renovarse, entonces, es primordial, como explicó el apóstol Pablo a los creyentes del primer siglo y a nosotros también: “Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.” (Romanos 12:2, Versión Lenguaje Sencillo)

Esa renovación debe ir íntimamente ligada a nuestra nueva naturaleza de creyentes, de hijos de Dios, redimidos por la obra de Cristo. Cambia nuestra forma de pensar y colateralmente se modificarán nuestras acciones, tal como instruyó el apóstol Pablo a los creyentes de Roma: “Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad.” (Romanos 4:22-24, Nueva Versión Internacional)

El propósito de Dios es que experimentemos crecimiento en todas las áreas de nuestra vida. Una de ellas, nuestra forma de pensar. Si Jesucristo mora en nuestro corazón, ninguna atadura del enemigo tendrá poder sobre nosotros. ¡Hoy es el día para ser libres, en el poder y autoridad de Jesús el Señor!

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