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La familia que tiene a cargo, ¿le pertenece a usted o a Dios?

La familia que tiene a cargo, ¿le pertenece a usted o a Dios?Una forma eficaz de cuidar a nuestra familia, es orando por ella delante de Dios

1.- Lectura Bíblica : Romanos 11:36; Salmos 127:1-5.

2.- Meditación familiar :

¿A quién pertenece nuestro cónyuge y los hijos? Piénselo antes de responder. No lo haga a la ligera. ¿Piensa acaso que el cónyuge y los hijos le pertenecen a usted?

Ahora, ¿a qué viene la pregunta? Al hecho de que a la familia le ponemos el rótulo de “nuestra“, y legitimamos de esa manera orar por nosotros y, en muy contadas ocasiones, por esas personas maravillosas que Dios colocó junto a nosotros.

Dios es muy específico al explicar que todo y todos le pertenecen a Él. Vaya conmigo a la carta de Pablo a los creyentes de Roma. Allí leemos: “Pues todas las cosas provienen de él y existen por su poder y son para su gloria. ¡A él sea toda la gloria por siempre! Amén.” (Romanos 11:36. NTV)

¿De dónde proviene la familia? De Dios; y, si es así, ¿a quién le pertenece la familia? La respuesta es obvia: A Dios.

Hay otro pasaje de singular importancia que encontramos en los Salmos y que reafirma este principio eterno: “Los hijos son un regalo del Señor; son una recompensa de su parte. Los hijos que le nacen a un hombre joven son como flechas en manos de un guerrero. ¡Qué feliz es el hombre que tiene su aljaba llena de ellos! No pasará vergüenza cuando enfrente a sus acusadores en las puertas de la ciudad.” (Salmos 127:3-5. NTV)

Sin duda tan solo estas dos porciones le habrán puesto a meditar. Si nuestra familia es una bendición de Dios, quien sabe cómo debemos guiarla es Dios y, en ese caso, el paso que debemos dar es entregar nuestra familia en Sus manos.

Rendir la familia a Dios es una decisión a la que absolutamente nadie le podrá obligar. Una decisión que nace y se alimenta en su corazón.

Esa es la determinación que asumió el patriarca Josué cuando dijo ante la multitud que estaba tomando la tierra prometida: “Pero si te niegas a servir al Señor, elige hoy mismo a quién servirás. ¿Acaso optarás por los dioses que tus antepasados sirvieron del otro lado del Éufrates? ¿O preferirás a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ahora vives? Pero en cuanto a mí y a mi familia, nosotros serviremos al Señor.” (Josué 24:15. NTV)

Si Dios ocupa el primer lugar en su hogar, lo más apropiado es que rinda a Sus pies también a la esposa o esposo que Él le ha dado, y a los hijos, fruto de esa relación.

Es comprensible, por supuesto, que muchas personas temen hacerlo. La razón es sencilla: quieren tener el control de todo y de todos, y someter a Dios a su familia les despierta a la vez temor e incertidumbre; no obstante, no debería ser así. Dios es perfecto y todo cuanto hace, lo hace a la perfección. Él no improvisa.

No podría terminar sin antes invitarle para que tome la mejor decisión de su vida: Reciba a Jesucristo como su Señor y Salvador. Puedo asegurarle que es una decisión de la que jamás se arrepentirá. Cristo Jesús transformará su forma de pensar y de actuar, y por tanto, le llevará a cambiar con su familia.

3.- Oración familiar:

“Mi Dios y Señor, gracias por este día maravilloso que nos has regalado como familia. Con fundamento en la Palabra reconozco que debo orar siempre por mi cónyuge y mis hijos. Son tuyos, te pertenecen, y en tus manos poderosas los entrego. Sé que sabrás hacer lo apropiado en cada momento, y los guiarás, protegerás y conducirás en el sendero que está conforme a tu voluntad. En tus manos entrego la jornada de hoy. Amén”

4.- Una Meta familiar para hoy:

Desde hoy me fijo la meta de orar por mi familia, y con ayuda del Señor, lo haré cada día a partir de hoy.

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