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¿Expulsó la ciencia la mano del Creador?

Esta semana una polémica recorrió el ámbito de la información científica. La revista digital PLOS One había publicado un artículo en el que se afirmaba que el diseño de la mano del ser humano era una muestra “de la inventiva del Creador”.

El artículo pasó inicialmente desapercibido, hasta que la web Retraction Watch, especializada en revisar el contenido de publicaciones científicas, citaba un fragmento del artículo, que literalmente decía: “La coordinación de la mano proporciona a los seres humanos la capacidad de flexionar y controlar de manera confortable la estructura compleja con la que lleva a cabo numerosas tareas. Por tanto, la coordinación de la mano debería indicar el misterio de la invención del Creador”.

REACCIÓN EN LAS REDES

Muchos lectores reaccionaron por redes sociales pidiendo explicaciones a la revista por lo que consideraban un artículo que difundía ideas religiosas sin una base científica certera. También científicos, algunos de ellos colaboradores de la revista, manifestaron su desaprobación de forma enérgica, popularizando la etiqueta #CreatorGate en Twitter.

Una de las imágenes compartidas en el artículo, centrado en la biomecánica de la mano humana. / PLOS One

Ante las críticas, la dirección de la revista decidió retractarse de la publicación. “Los editores de PLOS One han llevado a cabo una evaluación del manuscrito y el proceso de pre-publicación, y se buscó asesoramiento adicional en el trabajo de expertos en el comité de redacción. Esta evaluación confirmó errores en los fundamentos científicos, la presentación y el lenguaje, que no se abordó adecuadamente durante la revisión por pares”, expresaban desde la revista, pidiendo “perdón” a los lectores por “el lenguaje inapropiado del artículo y los errores durante el proceso de evaluación”.

ERRORES MANIFIESTOS

Para Antoine Bret, científico y colaborador del blog Tubo de Ensayo en Protestante Digital, la revista cometió varios errores, uno de ellos publicar un trabajo con un lenguaje no académico. “Como editor (lo soy, pero de otra revista), hubiera pedido a los autores que quitaran las referencias al “Creador”. Luego, hubiera mandado el trabajo a los “referees” (los expertos que dan su visto bueno, o no, para publicación) para que evalúen el valor científico del manuscrito”.

Para Bret, no se trata de una censura en el ámbito científico hacia la idea de un creador, sino de mostrar un criterio coherente a la hora de presentar un trabajo. “Este tipo de referencia solo puede servir para “parasitar” la percepción científica del artículo. Un “referee” ateo, y luego un lector, se ofenderá ante tal referencia. Igual que a un cristiano no le gustaría que un autor musulmán hablara de “la mano diseñada por Allah”. En este sentido, creo que la ciencia tiene que quedarse laica”, expresa Antoine Bret.

El artículo, firmado por dos científicos chinos especialistas en biomecánica de la Huazhong University of Science and Technology de China, contaba también con la aportación de un experto en finanzas como tercer autor del trabajo. En blogs más generalistas como Hipertextual han criticado que con este artículo “el creacionismo le ha querido colar un gol a la comunidad científica”.

EL PROBLEMA DEL “DIOS TAPA-AGUJEROS”

Por otra parte, el objetivo del artículo no parecía ser el demostrar “científicamente” la existencia de Dios a partir de un estudio biomecánico de la mano. Sin embargo, Bret considera que hay peligro en intentar hacer este tipo de demostraciones. “Este tipo de trabajo siempre juega con la idea del “Dios tapa-agujeros”: aquí tenemos algo que la ciencia no logra explicar, ¡entonces hay un Dios! Desafortunadamente, la historia está repleta de cosas que no se entendían… ¡hasta que se entendieron! Estas “pruebas” pueden resultar muy efímeras, y dan además la sensación de que Dios no tiene nada que ver con lo que se entiende”.

Antoine Bret considera que esta singular mezcla de ciencia y fe es contraproducente. “Incluso como cristiano, los artículos que he leído dentro de mi campo de conocimiento (física, astrofísica, cosmología…) nunca me han parecido convincentes. Puedo incluso decir que en muchas ocasiones, los encuentro infantiles (espero no ofender). De modo que comparados con el nivel científico que se alcanza en una buena revista, son de un nivel bajísimo”.

Por otra parte la revista PLOS One ha demostrado una “mala praxis” en la publicación de un trabajo sin la revisión adecuada. El trabajo, recibido en octubre de 2015, fue publicado sólo un mes y medio después. “Lo encuentro muy, pero muy, rápido. Implica que el editor encontró enseguida uno o dos referees (yo llevo casi un mes buscando un referee para un trabajo que mandaron a mi revista…), que los dos referees revisaron el articulo muy rápidamente y que dieron el visto bueno desde su primer informe”. “Hasta me parece posible -añade Bret- que nadie se haya leído el artículo: la mención del “Creador” se encuentra desde el resumen inicial, y me cuesta creer que el editor y los Referees no hubieran saltado al leer esto”.

¿HAY PRESIONES?

El revuelo ante la publicación del artículo refleja la controversia que surge en el ámbito académico cuando se postulan visiones alternativas al evolucionismo. Aunque teorías como el diseño inteligente cuenta con defensores, la mayoría en la comunidad científica la rechaza.

En todo caso, Antoine Bret no cree que haya una premeditación para impedir la difusión de estas teorías en revistas científicas. Aunque Bret no trabaja en el ámbito de la biología, explica que confía en los criterios que se aplican, basados en el método científico y sin recibir presiones de ninguna instancia. “No veo qué tipo de presiones podrían haber, “más allá del mundo académico”. Cuando someten un artículo a mi revista (Journal of Plasma Physics, Cambridge Press), no pido nada a nadie antes de mandar el trabajo a los referees. Y no tengo por qué hacerlo. Quiero decir que el circuito que lleva a la publicación está encerrado en el mundo académico. Y antes de decidir que voy a publicar un trabajo, no tengo que pedir ningún visto bueno a nadie”.

Sin embargo, la historia misma de la ciencia confirma que teorías que en un principio eran cuestionadas, luego pasaron a ser reconocidas y aceptadas, dentro de un proceso que suele llevar tiempo, investigación y diligencia por parte de aquellos que lo proponen.

CUESTIONANDO UN PARADIGMA EN EL ÁMBITO CIENTÍFICO

George Lemaitre, sacerdote católico y astrónomo que propuso la teoría del Big Bang, encontró el rechazo inicial de muchos de sus colegas científicos.

Para cuestionar un paradigma puede “hacer falta coraje”, admite Antoine Bret. “¿Habrá resistencia? Sí, me parece claro. ¿Hay ejemplos de resistencia ideológica? Sí, como en el caso del Big Bang, que varios físicos rechazaron al principio por razones ideológicas (noción de un principio del universo, idea, entre otros, de Georges Lemaître, un cura). Pero la comunidad científica se ha dejado convencer por las observaciones y hoy, casi nadie sigue defendiendo la idea de un universo sin Big Bang”.

“En los últimos cien años -recuerda Bret- los científicos se dejaron convencer de que el tiempo pasa más lento cuando te mueves rápido, que una partícula puede pasar por dos agujeros a la vez, que los continentes se mueven, que el espacio-tiempo es elástico, que nuestra galaxia solo es una ínfima parte de lo que hay en el universo, que hubo un Big Bang, etc”.

“Es decir, algunos paradigmas de hoy eran cosas increíbles ayer, que los científicos no se tragaron tan fácilmente, pero terminaron haciéndolo porque las observaciones estaban allí”. La clave está, como dice Antoine Bret, en una buena praxis científica que sea capaz de convencer, aunque sea a largo plazo, a una comunidad que -como cualquier otra- no está libre de caer en dogmatismos.

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