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Edificar una familia sólida ahora está en sus manos (Cimentación Familiar – Conclusión)

Edificar una familia sólida ahora está en sus manos (Cimentación Familiar – Conclusión)La tarea de edificar una familia sólida está en sus manos

La tarea de enriquecer la vida familiar compromete, inicialmente, a los cónyuges y en segundo lugar, a los hijos. Todos debemos concurrir en ese compromiso que debe alimentarse cada día.

Sobre esa base, cuando surgen dificultades al interior del hogar, los componentes de la pareja deben dialogar de cara a resolver los problemas. En el proceso se debe involucrar a Dios quien nos guía en el camino apropiado.

Edificar una familia sólida no es algo que se logre de la noche a la mañana. Es un proceso en el que aprendemos a darle prioridad a la vida como pareja y con nuestros retoños, los hijos.

En ese viaje maravilloso descubrimos que el hogar está por encima del trabajo. Tenga presente que de poco nos servirá desgastarnos en la oficina o en el lugar en el que nos desenvolvemos laboralmente, si al final de la jornada no tenemos con quién compartir todo lo que ganamos.

En la agenda diaria hay dos puntos que deben ser prioritarios: la relación con Dios y con la familia.

Comparto con usted algunas recomendaciones finales en el maravilloso proceso que está viviendo a nivel familiar:

Ayude a materializar los sueños de su familia

Como en todo equipo que se respete, llegar a la cima se logra con la colaboración de todos. Es importante que contribuyamos decididamente a la materialización de los sueños de nuestro cónyuge y de los hijos.

Tome tiempo para preguntarle a todos ellos qué aspiran de la vida. Identifique en qué aspectos puede brindarles su colaboración. Y hágalo. Hoy es el día para comenzar.

Si lo hace, al final de la jornada entenderán que es el triunfo de uno solo sino de todos.

No alimentar los disgustos

Otra recomendación valiosa en el maravilloso viaje encaminado a edificar una familia sólida es que haga del perdón una prioridad. Tomar conciencia de que alimentar los disgustos no contribuye más que a generar dolor y heridas emocionales entre los seres que ama.

En esa dirección es inapropiado irse a la cama disgustados. Claro, a veces la rabia y la molestia, nos llevan a querer ignorar al otro porque nos incomoda cierta situación.

Si no está listo para hablar, manifieste que prefiere guardar silencio, calmarse y hablar al día siguiente. De seguro, esa noche no la pasará en vela.

Edifique sus hijos para edificar futuras familias sólidas

Nuestros hijos se forjan a partir de los principios y valores que aprenden al interior del hogar.

Es en casa donde los preparamos con el propósito de que hacia el futuro, ellos mismos asuman la tarea de construir una familia sólida.

No podemos perder de vista el hecho de que todo cuando aprendan de nosotros como padres, será el modelo que reflejarán cuando constituyan una familia nueva.

Si se han cometido errores, es tiempo de corregir

Es probable que en el pasado haya cometido muchos errores. Al evaluar el tiempo transcurrido en familia, descubre que hay una sucesión de afectaciones a su cónyuge y a sus hijos que desencadenaron crisis.

¿Qué debemos hacer? Disponernos a cambiar. Asirnos de la mano de Dios en todo el proceso, y no darnos por vencidos.

El autor cristiano, Bob Buford, aconseja:

“Ya que usted no puede retroceder y deshacer los errores que cometió en el pasado, tiene dos opciones reales: la primera, incidir en sus hijos y dejarse arrastrar por el dolor de los efectos que su comportamiento negativo tuvo en la familia, o puede mirar los errores desde la óptica de la gracia, es decir, la nueva oportunidad que Dios le ofrece para corregir. Puede aceptar los errores como señales conmovedoras de las cuales puede aprender algo valioso para el futuro. Recuerde que el futuro no es para que usted se torture por lo que lo hizo, sino para aceptar sus fracasos y reconocer que Dios le ofrece una nueva oportunidad para cambiar y corregir los errores.” (Bon Buford. “Medio tiempo”. Editorial Vida. 2005. EE.UU. Pg. 65)

Dios siempre nos ofrece una nueva oportunidad. En su infinita misericordia nos abre las puertas para edificar a partir de las ruinas en las que posiblemente se ha convertido nuestra familia.

Ahora, sólo todo esto será posible si tenemos en cuenta un pasaje Escritural que ha sido transversal en todas enseñanzas de este libro: permitir que Dios ocupe el primer lugar en nuestra familia.

Jamás olvide lo que nos enseña nuestro amado Dios a través del rey David: “Si el Señor no construye la casa, de nada sirve que trabajen los constructores; si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas. De nada sirve trabajar de sol a sol y comer un pan ganado con dolor, cuando Dios lo da a sus amigos mientras duermen.” (Salmos 127:1, 2. Versión Dios habla hoy)

Una familia sólida se edifica concediéndole a Dios el primer lugar, y a renglón seguido, disponiendo nuestro corazón para que Él nos permita identificar errores y corregirlos.

No estamos solos. Dios, quien instituyó la familia, quiere ayudarnos en cada nuevo paso.

Un agradecimiento final

Si nos ha acompañado en todo el libro, no me queda más que darle las gracias. Sin duda lo hizo bajo el convencimiento de que salvar su matrimonio y edificar a partir de hoy una familia sólida, son dos metas posibles con ayuda de Dios.

Las últimas líneas las escribo una mañana inusualmente gris en una ciudad como Cali, en donde el sol brilla intensamente todos los días. Esta es la ciudad en la que junto con mi esposa Lucero hemos servido a Dios por muchos años.

En una de las tantas jornadas, este libro fue concebido a partir de un mensaje que compartí con los creyentes de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera – Sede Las Américas en donde servimos como co-pastores por mucho tiempo.

Guardé los apuntes en la Biblia y en casa lo releí muchas veces hasta decidirme a llevarlo a un formato diferente, desarrollando cada idea del bosquejo en capítulos que a la postre fueron los que usted leyó.

Mi oración es que Dios utilice las pautas que compartí con usted para que su hogar se afiance cada vez más y podamos, juntos como familia, caminar de la mano con el Señor Jesús y estar en Su Presencia cuando termine nuestro tránsito terrenal.

¡Dios lo bendiga rica y abundantemente, y a también a su familia!

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